
Érica ya no aguantaba más, salió de aquel lugar corriendo. Las piernas le pesaban, las manos, la ropa también, ¡hasta los párpados!.
Se dirigió hacia su lugar preferido, un bosque lleno de magia con un color verde natural de distintos tonos, árboles enormes de distintos tamaños y un aire puro que al respirarlo sientes que todo va bien.
Pero su lugar preferido tenía muchos y distintos caminos ¿Cuál escoger? Érica se acordó del juego de su infancia mientras iba hacia el centro del llano, cerró los ojos y comenzó a girar sobre sí misma... dos vueltas, tres vueltas, abrió los ojos y una luz cegadora de la naturaleza le selló la pena, seis vueltas, sonrió, ocho vueltas, y a la décima cayó.
Vaya, pensó, cogí el camino mas sucio, mejor será que me quite la ropa, no me regañen otra vez. ¿El corset?¡Solo me hace aparentar el palo de una percha!,¿ las orquillas?
¡solamente son puntos de apoyo que flojean!,¿zapatos?los zapatos si me gustan, al menos son bonitos.
Y desnuda completamente se apresuró en coger la verea de en medio y seguir hacia adelante. Pero lo que ella no sabía era que ese camino no tenía final.
Ya cansada, se desvió un poco para ver si encontraba algo aún más emocionante de aquel lugar solitario, ¡y entonces! Antes de que se percatara ya estaba en un acantilado.
Se puso contentísima, sintió como se le habría el mundo ante sus ojos. Alzó sus brazos como si fuera a abrazar aquel paisaje. Pero repentinamente, volvió el dolor, un dolor fuerte,poderoso. Calló rendida al suelo y de un chillido potente unas alas enormes y blancas como la "luz cegadora de la naturaleza" le brotaron de su desnuda espalda.
Todo lo que mas amaba,lo mas bello para ella se penetró en su ser.
Blanca.
